No quiero una vida organizada alrededor de calendarios ajenos.
Quiero tiempo para construir, aprender, caminar, leer, disfrutar a las personas que amo y espacio para divertirme en el camino.
El trabajo, para mí, es una herramienta para comprar ese tipo de libertad, no un escenario para aparentar.
Cada decisión tiene un costo. Prefiero pagar el mío de forma consciente: si algo falla, quiero que sea resultado de mis decisiones y no de haberme dejado llevar.
Intento guiarme por algunas líneas simples:
Construir activos, no solo vender horas.
Proteger el tiempo y la salud con la misma seriedad que el dinero.
Hacer cosas útiles, pero también realmente disfrutables de crear.
Aceptar las consecuencias sin excusas.
Todo esto apunta a un proyecto silencioso y a largo plazo al que llamo Arcadia:
un futuro donde la vida sea más ligera para las personas que me rodean.
Arcadia Shall Flourish.